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Historia

La invención o creación por parte del hombre primitivo, representa una curiosidad que no siempre satisface en la forma esperada.
Desde que el ser humano hace su primera incursión musical - que él no considera de esta forma - hasta que algunos de los elementos que utiliza en la ejecución de sus ritmos toma la forma del bombo o de algo similar, transcurren miles de años.
Pasemos por alto la etapa, sin lugar a dudas, más primitiva, en la que el hombre logra efectos rítmicos mediante la repetición de palmoteos o golpes contra su propio cuerpo, y encontraremos el antecesor más arcaico del bombo en los pozos pateados. Estas son excavaciones hechas en el suelo, cubiertas con tablas  o cortezas de árboles, las cuales al ser golpeadas por los pies, producen un ruido que insinúa una acción musical.La evolución hace que los pies sean suplantados por palos, troncos, cañas de bambú, etc., que dan lugar a lo que se denomina "bastón de ritmo". Otra forma de instrumento de percusión, es el llamado "tambor de hendidura".
Se trata de un tronco, al cual se ahueca tal

 

como se hace para fabricar una canoa y que en sucesivos pasos de su evolución, se patea, se golpea con las manos, con bastón de ritmo, etc. estos, de gran tamaño (se construían de troncos de árboles), eran ejecutados con un significativo cuidado.
Hemos descrito en forma somera sin detallar algunas de las formas primitivas de producir ritmos.
Obtenemos en consecuencia el siguiente razonamiento:1) La utilización de los parches como elemento sonoro es posterior a lo que se supone normalmente
2) Estos instrumentos de percusión pertenecen a otra familia, ya que la materia que vibra no es del tipo de las membranas.
3) Los ritmos que el hombre primitivo crea no tienen  el carácter específico de música, sino que su ejecución sirve para acompañar ritos, augurios, invocaciones y acontecimientos de toda índole.
 
 
Membranófonos
Rubén Pérez Bugallo


Bombo
Este membranófono presenta tres variedades básicas: la orquesta, la de procesión y la de banda. Las describiré haciendo notar tanto sus aspectos diferenciales como sus eventuales coincidencias y también algunos equívocos, hoy notablemente difundidos, que se refieren a sus características acústicas.
 
Bombo orquestal
Su forma es tubular y su tamaño variable, pudiendo llegar hasta 60cm de altura y 45 de diámetro. Se lo construye excavando un tronco de madera blanda (“palo borracho”), ceibo, hasta transformarlo en un cilindro de delgadas paredes. Lleva dos parches de cuero de cordero, vizcacha o cabra, cosidos a sendos aros realizados con una delgada rama de sauce o de mimbre, los que una vez finalizada la operación del “retobado” quedan cubiertos por el parche. Sobre ellos se apoyan los aros externos y se unen entre sí mediante presillas adosadas. La tensión de los parches se regula mediante presillas que abrazan de a dos los tramos del tiento y resulta ser de tipo indirecto, ya que se ejerce sobre los aros externos, los cuales la transmiten a los internos estirando la superficie de las membranas.  
Su origen es europeo y parece haberse difundido desde Santiago del Estero hacia todo el Centro y Noroeste argentino. Tradicionalmente lo utilizan los conjuntos criollos de música bailable para acompañar rítmicamente las melodías a cargo del violín, el bandoleón o el arpa. Se emplean dos baquetas para percutirlo en un solo parche. La alternativa de golpes en el aro parece haber sido una novedad que aportó la orquesta de Andrés Chazarreta.
Una variedad del bombo orquestal es la que se utiliza en Empedrado (Corrientes) duran la fiesta de San Baltasar, el 6 de Enero. Allí el instrumento supera el metro de longitud y para ejecutarlo se coloca en el suelo. Dos músicos se montan sobre él dándose la espalda y golpean cada uno en un parche con sus manos, rasgo de segura procedencia africana.
 
Bombo procesional
Su altura es habitualmente menor que la del anterior y su diámetro es mayor que el de éste, aunque no resulta de esta característica que se trate necesariamente de un bombo “chato”. El hecho de que carezca habitualmente de aros lo asemeja a una gigantesca caja y sugiere su posible origen prehispánico. ( De hecho, hasta no hace más de cuatro décadas, éstos eran los bombos que acompañaban, por ejemplo, a las bandas de sikuris y a las flautas encargadas de los huaynos, contextos en los que hoy aparece casi siempre reemplazado por el bombo de banda.) Se lo golpea con uno o dos mazos y puede ser utilizado ambipercusivamente durante la marcha, para lo cual el ejecutante lo cuelga de su cuello manteniéndolo en posición horizontal. Su mayor vigencia se da en el Noroeste, donde por razones de momentánea necesidad puede ser reemplazado por un bombo de orquesta. Es el instrumento imprescindible de las procesiones religiosas.
 
Bombo de banda
Es siempre un tambor “chato” – de altura menor que el diámetro -, de grandes dimensiones. Posee aros, aunque éstos no se utilizan en la ejecución. Deriva del moderno bombo mayor de las bandas militares y al igual que éste es de factura industrial, o bien artesanal pero construido a imitación del modelo urbano. Comienza a imponerse en el Noroeste aplicado a las bandas de sikuris y anatas, y es infaltable en los conjuntos de cobres que hacen música bailable durante el Carnaval jujeño. Se percute con un mazo sobre uno de sus parches, el que a menudo lleva leyendas y emblemas identificantes del conjunto o comparsa que lo utiliza. Al igual que el bombo de procesión, se toca de pie.
 
Bombo Legüero
Esta expresión constituye una de las tantas originalidades que el Movimiento Nativista ha difundido a través de los medios de comunicación masiva. Fue concretamente el conjunto Los Hermanos Ábalos el que al componer y grabar la “Zamba de mi pago” – a principios de la década del setenta – echó a correr la idea de que el sonido del bombo criollo de orquesta – hasta ese momento llamado “bombo indio” por entusiastas periodistas y animadores del género – poseían un volumen tal que era posible escucharlo ya no a una sino a varias leguas. La primera estrofa de la zamba rezaba:

 
                                            Un violín gemidor
                                      Junto a un bombo legüero
                                             Y un viejo arpero
                                  Nostalgias me traen de ´ande soy.

 
Debe recordarse que una legua es una medida itineraria superior a los cinco kilómetros. En ningún instrumento acompañante de música resultaría funcional semejante alcance. Mucho menos, si con él se trata de acompañar a un desafortunado “violín gemidor”: el cordófono no lograría hacer oír su melodía y los bailarines se desorientarán por obvio aturdimiento.
Concedamos que, pese a lo que explicita la letra de la zamba – refiriéndose en su segunda estrofa inequívocamente a un baile – este instrumento no fuera utilizado para bailar sino para dar avisos, por ejemplo durante las procesiones, en las que el bombo, en efecto, se encarga de informar al vecindario del paso o la llegada de los promesantes a efectos de que se sumen a la marcha o ultimen los preparativos ceremoniales. Aguijoneadas por nuestra curiosidad y habida cuenta de que en el bombo de procesión sí se requiere – o al menos es preferible – un gran volumen sonoro, nos hemos dedicado en diferentes oportunidades a comprobar el alcance del mismo en pleno campo santiagueño, grabador de alta fidelidad en mano. El resultado ha sido que en ningún caso llegamos a oír a ninguno de estos rústicos tambores antes de un kilómetro. Veíamos aproximarse el misachico desde mucho antes, pero el bombo – a veces más de uno en forma simultánea- no es escuchaba hasta no acercarse por lo menos a mil metros. Después comprobamos que ni siquiera los grandes bombos de banda militar podrían ser llamados “legüeros” con propiedad, porque tampoco alcanzan semejante distancia.
Esta realidad – quizá poco simpática, pero absolutamente objetiva – no impide que en la actualidad se hable por radio y televisión de bombos “de una legua”… hasta “de cinco leguas”; alcances que según sus promotores se lograrían con absoluta precisión de acuerdo a la relación de sus dimensiones, técnicas de elaboración y tipo de materia prima utilizada. Parece saberse de antemano que ningún comprador de estos bombos industrializados – algunos, ciertamente, de excelente factura – procederá a realizar un control de calidad riguroso ni necesitará jamás hacerse oír con su instrumento a cinco kilómetros de distancia.
La práctica de ejecutar el bombo criollo de orquesta de pie fue impuesta por el conjunto Los Chalchaleros a partir de 1945. Hasta ese momento el “bombisto” tocaba sentado, al igual que el resto de los músicos.

 
 
Email: mariaelenacarabajal@gruposolargentino.com.ar
Teléfono:  (0220) 4820467
 
     

 

 

 

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